De mi abuela y la duda de porqué los hombres se enamoran de estúpidas

Comenzaré este ensayo hablando de mi abuela.

Ella tiene alrededor de setenta años y es la persona mas memorable que algun dia llegaré a conocer. No hay persona viva que la aborrezca. Aunque la inteligencia no es su fuerte (mi padre la hizo practicar caligrafía cuando debía firmar unas letras en el banco otrora treinta años atrás) su espiritu incansable y su generosidad espontánea la mantienen mas viva que muchos los cuales se jactan de estar en juventud. Además de su característico sentido del humor, por fortuna, heredado a la familia.

Mi abuela es una mujer que ha trabajado y ha sufrido en serio. Enviudó alrededor de los treinta, quedando a cargo de cuatro hijos, el mayor de tan solo quince años. Y no se quejó. Y no se volvió a casar.

Ella planchaba, cocinaba, lavaba, cosía y de seguro jodía, sin levantar escombro o martirizar al prójimo. Bueno, no mas de lo necesario. Señora de los mil guisos (en especial por tener tres recetas distintas de estofado de pollo), maestra del arcano arte de los tamales de elote, es para mi una inspiración.

Y no solo por cocinar – cosa útil, por si no lo sabían, en especial cuando tienes hambre – o lavar – la ropa limpia aun no mata a nadie – o mantener la casa habitable – aunque si ya te acostumbraste a las cucharachas, no hay tanto problema – sino porque contrasta con un prototipo muy popular de mujer moderna, especialmente, la mujer inútil.

¡Ah! ¡Porque las mujeres inútiles son las mas populares! Son muestra viviente de lo que la liberación femenina. Y a la gran parte de los hombres aman a las mujeres inútiles. Las consideran independientes, sofisticadas. Y son mejores si son altivas, porque el hecho de ser orgullosa indica que eres mejor que las demás (¡sin duda!), egoistas (tienen bien establecidas sus prioridades) y vanas (al fin, ¿Que sentido tiene pensar? Crea silencios incómodos)

Porque si un hombre ve que su dama pasa una hora maquillándose (tip, chicos, entre mas parejo se vea el color en la cara, significa que es mas falso. Imaginen una mascara de kabuki, solo que en color melocotón) es clara prueba de que le interesa mucho su imagen personal y es cuidadosa en extremo. No importa que no haya sacado la basura de su habitación en semanas, para eso esta la criada, ¿cierto?

No podra ser capaz de preparar un guiso de carne y verduras como Dios manda, ya no digamos hornear panqués, pero, si, ante su pareja, ella conoce la diferencia entre el microondas y la licuadora, es suficiente saber culinario para él. ¿Como pedirle que lave los sartenes, con esas uñas decoradas con silicon de cinco centímetros de largo?

Se tarda años en los almacenes buscando coordinados, pero no sabe encender la lavadora. Y colgar la ropa, ¡no, blasfemia! Y planchar ¡Para eso esta la suegra! Con suerte, acomodará la ropa en los armarios. Solo si es la suya, porque la ropa de su pareja… no es su problema.

Y el chico esta muy orgulloso de que la chica este en una maestria abierta, que hace oidos sordos cuando alguien le pregunta si ha leido el Quijote de la Mancha y ella responde que no sabe nada de inglés. Leer libros es de noños. Y ella es lo demasiado moderna como para caer en semejantes atrocidades. No, con ver las películas es suficiente.

Cuidar plantas es de hippies, las manualidades son de abuelas y los niños a la niñera o la guardería. Cualquiera que piense lo contrario… es anticuado.

Como comentario final.

Yo no se que diablos buscan los hombres en las mujeres. Recuerdo que un dia estaba platicando con alguien en la calle, y le comente que iba a comprar mantequilla porque iba a hornear una rosca de piña. Me miró con ojos de “¿es eso posible??” “Claro, yo cocino” respondí “de hecho, me gusta” Lo unico que consegui fue aumentar su desconcierto. La conversación terminó en películas,  cuando referí que ya habia leido Watchmen, y que prefería la novela grafica a la pelicula, porque me parecia mas entendible, la expresión suya fue franco terror. “¿Y terminaste la carrera?” preguntó “De hecho, soy doctora titulada, pero prefiero escribir en mis ratos libres. Ya termine un libro y estoy en proceso de publicarlo” Y eso fue lo último que supó de mí, porque fue la última vez que lo volvi a ver.

Al carajo. Pienso irme a recluir a un monasterio franciscano, pero mejor con las hermanas carmelitas. Ya me deje crecer el pelo lo suficiente para cubrir el 666 que tengo en la nuca (lo tengo de nacimiento, cada que me lo quiero quitar quirurgicamente algo horrible sucede) asi que creo que no habrá mucho problema.

Porque si un hombre se encuentra con una mujer linda, hacendosa, tierna, preocupada porque coma bien y vista mejor, probablemente pensará que es una fracasada sin ambiciones. Citando a una película argentina (Esperando a la carroza)

“Cuando una se pasa de buena, la toman por estúpida”

Sonaré misógina. Pero Juvenal también lo era, asi que no estoy tan mal acompañada.

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