De libros y de niños (o visceversa)

Recuerdo que cuando tenia unos diez o doce años, me paseaba por la biblioteca familiar en busca de algo que leer. Por desgracia,  ni mi mama – licenciada en historia – o mi papá – médico, librepensador y literato – tenía libros adecuados para una niña fantasiosa e intovertida. O eran libros de medicina, inaccesibles, estudios socioantropológicos del marxismo positivista en América Latina, los cuales sigo sin entender, o algunas novelas adultas y enredadas, las cuales me dejaron un mal sabor de boca (La carcajada del gato, de Luis Spota, es una de ellas).

Lo único que recuerdo, leía con interés, era la enciclopedia. Directa y esclarecedora. Y a pesar de que tenía una sección de literatura “infantil”, el lenguaje de los cuentos ahi narrados era todavía muy denso. Poco después, intenté leer El Quijote de la Mancha – era el único libro que hablaba de caballeros, justas y princesas, aun cuando fuesen falsas – pero de nuevo, es dificil que un niño logre concentrarse por cinco páginas de “vuestra fermosa fermosura, oh, dueña, que vuestra merced no pluguiese hacerme un desaguisado”.

Y hubiese sido un caso perdido, como el resto del los adolescentes preparatorianos, si no hubiese sido por Chuck Dixon y Alan Moore. Después vinieron en mi auxilio Frank Miller, Stan Lee, Grant Morrison, y ellos trajeron a H.P. Lovecraft, Poe, Tolkien, Lewis y el resto de la compañía. Carroll, Shakespeare, Wells…

Si bien mi biblioteca personal esta orientada a la literatura juvenil, esto tiene dos razones. La primera, porque es mi género de trabajo, y segunda, porque quiero que mi retoño, cuando ya domine la lectura y quiera espontáneamente practicarla, tome un libro que disfrute. Llámese Harry Potter, Narnia o La vuelta al mundo en 80 días. De momento, le gusta que le lea Alicia en el País de las Maravillas.

No hablaré del ya carareado problema de que México no lee. Tampoco de las estrategias tomadas para remediarlo. Solo mencionaré que, una de dichas estrategias, es proveer de libros a las escuelas públicas. Pensaba agregar el “buenos” al sustantivo de “libros”, pero muchos pueden estar en descuerdo con esa opinión. Principalmente porque los entrega el gobierno. Como sea, he tenido la oportunidad de leerlos. Ya que son para nivel preescolar, los dibujos son lo esencial. Las historias son originales, el lenguaje es sencillo y fácil de asimilar. Y las historias que he leido poseen un  mensaje profundo, lo que hace necesario su lectura con un adulto, para que el niño no se quede con solo “un cuento” sino con un aprendizaje moral – no moralista. Lo cual es en teoría el fin de toda literatura, en especial, de la buena literatura.

Recuerdo tres y los usaré como ejemplo:

1) En la cabeza de María: Una niña decide no peinarse nunca jamás. Su madre accede y ella va greñuda a la escuela. Sus compañeros se burlan y, después, en casa, su padre le pide que reconsidere lo que no peinarse. Al dormir, cuando el cuento termina, ella recuerda lo ocurrido en el día y decide… ¡no volver a peinarse nunca!

Mensaje: Los niños deben aprender a tomar desiciones sobre si mismos y estar seguro de ellas. María esta segura de no peinarse, y aun con la burlas y recomendaciones de la figura de autoridad (papá) ella continua con su desición. Nuestros niños también. No deben dejarse influenciar por el “que dirán” o por los “mandos superiores”. Deben ser independientes tanto en actos como en ideas y aceptar las consecuencias, buenas o malas.

2) La máscara del lobo: Dos niños son engullidos por un lobo negro y malo. A las patadas, ellos se liberan y con los restos del lobo se confeccionan un abrigo, que usa la niña, y una máscara, que usa el niño. Disfrazados así, se dedican a asustar al pueblo por esa noche. La niña se aburre rápido, y tira el abrigo, pero el niño se queda con su máscara y permanece con el personaje del lobo por el resto de la noche. Al amanecer, el niño regresa a casa y al ver a la niña, el vuelve a ser normal. La niña le pide prestada la máscara y el niño responde “no, una mascara de lobo puede hacerte malo” “y que hay de tí” pregunta ella “¿tu no tienes miedo de volverte malo?” ” No” responde el niño “porque estoy contigo”.

Mensaje: No es fácil dilucidarlo. ¿Hay cosas que pueden volvernos “malos”? Si, por supuesto. El amor al trabajo, al dinero, a la fama. Los objetivos, cuando descuidamos los medios. Los niños preguntan seguido “¿es bueno? ¿es malo?” porque desean delimitar la linea moral de lo que se debe o no debe hacer. En base a eso, ellos saben como reaccionar ante la situación o persona. El niño se vuelve “malo” porque juega con cosas “malas”, se da cuenta de eso y recapacita, ante la presencia de su hermana. “Esto puede volverte malo, asi que no lo toques” (“Las drogas pueden volverte malo, asi que no las toques”). Pero hay algo que nos protege de ser “malos”, aun cuando andamos con “cosas malas”: el amor. La familia. El sabe que no se volverá “malo” permanentemente porque, al ver a su hermana, recordará que a ella no la tiene que asustar. El niño sabe que no se volverá “malo” aun cuando “haga cosas malas” porque reconoce que hay algo de amor en él, y ese amor lo salvará. Si nos pasamos la vida en el trabajo, sin ningún motivo mas que el dinero y el poder, caeremos fácilmente en el abismo. Si amamos a alguien, nos daremos cuenta de que estamos sacrificamos demasiado por unos cuantos dólares.

3) La bruja Winnie. Mi libro favorito. El arte es detallista en extremo. Una bruja vive en una casa negra, con un gato negro, lo que origina que siempre el acabe pisando o aplastando al pobre gato. Lo pinta color arcoiris, haciendo que el gato se sienta avergonzado y se esconda en un arbol. La bruja lo piensa mejor y regresa al gato a su color original y pinta la casa de colores, volviendola una casa normal, haciendo las cosas más faciles para ella y su amado gato.

Mensaje: Es mas facil decirle a los demás que cambien para solucionar un problema. Sin embargo, a veces el cambio tiene que originarse de nosotros mismos. La bruja prefirió cambiar su casa a continuar coloreando a su gato. Los niños deben aceptar a cambiar un aspecto de si mismos (“no es que la maestra sea regañona, soy yo quien debo esforzarme más”) para adaptarse a la complicada vida social.

Me parece encantador que los niños tengan estos incentivos para leer. Cierro como siempre, con una cita de Tolkien, quien ya trato este tema con mucha más profundidad que yo:

“Para los niños, los libros deben ser como la ropa, amplia y holgada, para que les permita el crecimiento, y no se los obstruya o entorpezca”.

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2 pensamientos en “De libros y de niños (o visceversa)

  1. Pues es muy cierto, creo que eso es lo que marca la gran diferencia, a veces no es necesario que alguien inculque leer a los niños, si se tiene material agradable es mas que suficiente, aunque nunca debemos olvidar que lo que también comentas, debe de haber una persona que haga hacerle ver la diferencia entre lo que es bueno y lo que es malo, lo que es real y lo imaginario y en especial decir que es lo nos esta dando a entender el autor con ese libro….

    saludos 🙂 😉

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